DESARROLLO COMUNITARIO:

Por: Mario Flores Lara. Asesor Comunitario. Gobierno Municipal del Poder Popular de Habana del Este. Director y actor de teatro espontáneo y miembro fundador e itinerante de EL COLECTIVO

Hay palabras que hemos ido satanizando y su sola mención nos provoca urticaria. Una de ellas es la palabra crisis. Si aplicamos un análisis marxista, recordaremos que la crisis es un momento necesario del crecimiento. El punto exacto donde confluyen condiciones objetivas y subjetivas para evolucionar a un estadio cualitativamente superior. Entendido así, el concepto crisis lo asumimos como la agudización de contradicciones, las que nos dejan siempre ante dos caminos posibles: a) el conservador (administrar el statu quo) y b) el revolucionario (enfrentar responsablemente el cambio).
Es quizás por eso, además de otros argumentos, me sumo a esas voces continentales que dicen que América Latina vive una crisis metodológica en el Trabajo Comunitario.
Y si continuamos recordándonos de la Dialéctica, podemos entender que el hoy es resultado de un ayer, lo mismo que el futuro será una expresión causística de este presente. Sin querer afirmar una mecánica etapista, lo que quiero resaltar es que esta crisis que vivimos es también resultado de los múltiples esfuerzos y logros que se han alcanzado en el terreno del trabajo y desarrollo comunitario. No podríamos avanzar en el caracol si no existiese un peldaño sólido en el cual apoyarse. La negación de la negación es una afirmación de lo anteriormente afirmado.
Desde la Conquista europea donde, entre otras delicadezas, a los habitantes oriundos del continente los invasores les negaban su posesión de Alma, y por ende , de su condición de seres humanos, hasta las actuales conceptualizaciones de Ciudadanía, ha llovido mucho en estos 514 años. Pero en el entendimiento y tratamiento a las comunidades aún nos queda mucho por caminar.
Los trabajadores de las ciencias humanas y sociales seguimos estando en deuda con la realidad de este continente. Parodiando a Marx podemos decir, que las ciencias sociales y humanas no han hecho más que interpretar la realidad y de lo que se trata es de transformarla.
En América Latina, las políticas de erradicación de la pobreza y de trabajo comunitario, han mostrado una tendencia a los modelos asistenciales que refuerzan la pasividad de las personas, convirtiéndose en un negocio muy lucrativo y un mercado de consumo. Debemos estar muy autocríticamente alertas para que organismos e instituciones, en sus estructuras y roles, pensadas para transformar realidades no se conviertan en un fin en si mismas.
El neoliberalismo además de consolidar su hegemonía económica, que se traduce en la exclusión y empobrecimiento de grandes masas, implementando sus estrategias globalizadotas, se propone una dominación político-cultural que se proyecta en lo social, grupal y personal. Se ha propuesto por todos los medios la destrucción de las colectividades. Las grupalidades han sido tocadas por su dedo destructor: el callejón sin salida desemboca en el individualismo. La No Pertenencia se erige como sintomatología contemporánea. Por eso rehabitar las grupalidades se proyecta a un rango de resistencia cultural.
Desde hace ya más de 30 años, don Paulo Freire, uno de los grandes latinoamericanos, nos sigue impactando con su metodología liberadora, la cual pudiéramos sintetizar en tres momentos nucleares:
• Problematizar
• Tomar Conciencia
• Transformar

El nos decía: “ yo le enseñé al campesino a escribir la palabra Pala, él me enseñó como usarla”. Esta frase encierra no sólo un paradigma, sino que también explicita una visión de mundo, y desde esta concepción ideológica, que quiero entenderla como una continuidad, iniciada en estas tierras americanas por fray Bartolomé de las Casas, no sólo reafirma que las comunidades tienen Alma o que son interlocutores válidos en las dinámicas societales, sino que son protagonistas y epicentros con sus propios recursos, capacidades y fortalezas.
La Educación Popular, el trascendente método freiriano, aunque alcanzó en los 70´s y 80´s del siglo pasado un alto impacto, sigue siendo un manantial que nutre en el trabajo comunitario hasta los días de hoy. No sólo se usa, en algunos casos se abusa. Esté donde esté, don Paulo Freire nos debe estar mirando con ironía y exhortándonos a asumir un papel protagónico en la búsqueda y creación de metodologías nuevas que propicien procesos idóneos para el desarrollo de las personas, grupos y sociedades.
En el tráfico cotidiano de la epistemología social comunitaria es un lugar común, que reproducimos con acrítica familiaridad, el uso de la conceptualización “intervención comunitaria” . Como la neutralidad no existe, el concepto y su uso nos sirve para visibilizar un mapa mental impregnado en los trabajadores comunitarios. Cuando usamos la categoría “intervención” lo hacemos desde un lugar de poder: desde arriba y de desde afuera. O sea, en una versión corregida, seguimos negándole el Alma a las comunidades. La subvaloración está implícita. Que bueno que existimos para poder salvarlas.
Iremos enfrentando este reto evolutivo que tienen ante sí las ciencias sociales y humanas, si vamos realfabetizando nuestra mirada y nos vamos acercando a ese espacio objetivo y simbólico que es un umbral inevitable: desde abajo y desde dentro.
Por eso en los marcos teóricos, pero sobre todo en los dispositivos metodológicos que desde la institucionalidad desplegamos (academia, policlínico, escuela, entidad municipal, organización no gubernamental, etc.) deben estar regidos permanentemente por esta convicción, sustentados en la horizontalidad y el diálogo.
La Participación de la comunidad en las dinámicas sociales, no solo debemos entenderla como la cuadratura estadística en los cumplimientos de metas de funcionarios e instituciones, es antes que todo, el derecho y responsabilidad para el ejercicio de una Ciudadanía Activa. Por tanto, es una condición básica para la construcción de Desarrollo Local. Las estrategias institucionales y los dispositivos metodológicos implementados deben considerar inevitablemente su promoción.
En el contexto de los espacios municipales, tenemos como uno de nuestros principales objetivos el Desarrollo Local. Este lo entendemos como el proceso activo y participativo que involucra a Gobiernos Locales, entidades no estatales y comunidad, que mediante la implementación de estrategias planificadas y sustentables, impacten positivamente en las transformaciones de las dimensiones ambiental, económica-productivas, socio-política y humana.
Una dimensión imprescindible en el Desarrollo Local es el Desarrollo Comunitario, es decir, ese proceso en el cual las propias comunidades participan articuladamente con los otros agentes locales, en la realización de acciones destinadas a elevar su nivel y calidad de vida.
Asumiendo que el Desarrollo Comunitario es una conceptualización en permanente construcción, queremos proponer la introducción de la categoría SALUD SOCIAL, la cual definimos como un estado de bienestar psicosocial de las grupalidades, comunidades y sociedades. Una comunidad socialmente sana será aquella que es:
• Participativa
• Empoderada en su Ciudadanía Activa
• Respetuosa a la Diversidad
• Inclusiva
• Dialogante
• Flexible
• Creativa y Creadora
• Con sentido de Identidad y Pertenencia
La Salud Social, como concepto operativo, lo proyectamos como un indicador para observar el nivel y calidad del Desarrollo Comunitario, pero también como un objetivo estratégico a alcanzar.
Lejos de negar los aciertos y logros alcanzados en el Trabajo Comunitario desde el Bravo a la Patagonia, o reducir los deberes de nuestros roles, lo que señalo es asumir las responsabilidades que la contemporaneidad plantea en base a una lectura crítica de la (s) realidad (es) y del hacer. Para asumir estas responsabilidades, los trabajadores de las ciencias sociales y humanas, debemos ir empoderándonos de un rol protagónico en la creación de propuestas adecuadas en lo teórico, metodológico y sobre todo, en lo ético.
Debemos no sólo mirar las falencias o insuficiencias, antes que todo necesitamos girar el prismas y ver las enormes posibilidades que este presente nos ofrece.

 

La Habana, Mayo de 2006

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Acerca de El Colectivo

Compañía de Teatro Espontáneo "El Colectivo", nace el año 2003, destinados a realizar encuentros y funciones en espacios comunitarios y laborales, trabajando por el desarrollo emocional de los individuos que constituyen las diversas grupalidades de una sociedad. La compañía y sus integrantes también realizan actividades como colaboradores de Centro Terapia y Cambio, realizando trabajos para la facilitación de procesos grupales y proyectos vinculados al desarrollo y empoderamiento de los individuos
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